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Una instantánea de Villafranca del Cid
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A 1.125 metros de altitud, Villafranca del Cid nos ofrece una estampa bien distinta dependiendo de la época del año en que se contemple.

Como el mantón blanco que la cubre durante la época de las nevadas o el tapiz verde que la descubre el resto del año, Villafranca te envuelve con el encanto de sus calles, de su barrio antiguo, de sus monumentos, a través de la belleza de sus fuentes, del sonido y el color de sus fiestas... 
 
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De los primeros pobladores íberos son testimonio los restos arqueológicos localizados en la Ereta del Castellar. En el año 1239 pasó a pertenecer a la casa de Aragón y en 1303 la villa fue incorporada a Morella con quien se enfrentó treinta años más tarde, aunque la independencia no la consiguió hasta 1358. Poco duró el afán soberanista, porque once años más tarde se anuló este privilegio y regresó a la jurisdicción de Morella.

Habrán de pasar trescientos años más para se le conceda a Villafranca la ansiada independencia, esta vez, de forma definitiva. Al mismo tiempo, fue elevada a Villa Real. Durante la guerra de Secesión se unió a la causa austracista. En la I Guerra Carlista tomó partido por Isabel II, siendo ocupada por Cabrera (1834) y por los liberales.


El barrio antiguo y las ermitas
La primera parada obligada es uno de los mejores monumentos del siglo xvi valenciano, la bella iglesia renacentista, que bajo la advocación de El Salvador, se alzó entre los años 1576 y 1572.

El templo es sede del museo parroquial, el cual alberga una interesante colección de obras de arte religioso. Una vez realizada la visita de rigor el viaje se reanuda recorriendo el barrio antiguo,en la parte más alta, donde encontramos el edificio gótico del ayuntamiento (finales siglo xvi-principios siglo xv) y el portal de Sant Roc. En el primero, se conserva un interesante retablo con 17 composiciones del pintor Valentín Montoliu.

Por su parte, el portal es el único testimonio que se conserva de las murallas levantadas en el siglo xvi, durante el reinado de Pedro iv. Tan solo se abre durante la festividad del santo, en el mes de agosto.

Otros lugares de interés, antes de abandonar el núcleo urbano, son diversas casas señoriales blasonadas y la plaza de toros, con capacidad para 4.000 espectadores, el tercer ruedo de la provincia, solo superado por el de Castellón y el de Vinaròs.

En las afueras de Villafranca nos aguarda el santuario de la Mare se Déu del Llosar, dedicado a la patrona de la villa y constituido por la iglesia del siglo xvii, la hospedería, el porche, el caserío y la plaza semiporticada del siglo xix. Igualmente destacan la ermita de Sant Roc (xviii), de Santa Bárbara (xviii), de Sant Miquel (del siglo xiii) ubicada en la Pobla de Ballester, al igual que su coetánea de la Font del Ballester.

Las cinco fuentes
El paisaje de Villafranca del Cid no escapa a los sentidos, sobre todo después de recorrer sus numerosas fuentes: la del Regatxal, del Llosar, la Font d´Horta., del Ginebre y de la Canaleta. También destaca la zona conocida como el Picayo y les Coves del Forcall. Por cierto, que en Villafranca encontraremos un cámping y albergues municipales, así como senderos de GR y PR para los amantes del senderismo.

Sabor taurino
De las fiestas patronales celebrada en agosto en honor a San Roque destacan, además de los actos religiosos y el tradicional ball pla, los taurinos, tanto en la plaza como en las calles de la villa.

Villafranca del Cid en español |
 
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