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Este
singular y bonito pueblo mediterráneo
ha sabido conservar el entrañable
sabor de las cosas auténticas.
Un sencillo paseo vespertino
por sus calles mostrará
al visitante la existencia de
una realidad sencilla, bien
diferenciada de las masivas
aglomeraciones, a la vez que
le servirá para comprobar
el carácter abierto y
hospitalario de sus gentes.
Originaria venta árabe,
Benitatxell pronto se convirtió
en punto de paso, en lanza de
un reducido comercio. El rudo
carácter árabe
y el sentimiento mediterráneo
se fundieron armónicamente,
marcando el devenir del naciente
municipio. Hoy es un pueblo
moderno, hospitalario, tolerante,
donde el visitante puede disfrutar
de la villa costera más
tranquila o de las aguas más
transparentes y limpias de toda
la Costa Blanca. Prueba de ello
es la multitud de proyectos
inmobiliarios que se están
llevando a cabo para dar cobijo
a miles de turistas europeos
que deciden quedarse a vivir
en estas tierras.
La
cordialidad caracteriza al lugareño:
el saludo sincero sigue siendo
el nexo de unión entre
las personas. Los niños
siguen siendo los grandes protagonistas
de las calles. Sus voces y sus
risas forman parte de lo cotidiano.
La franja litoral del Poble
Nou de Benitatxell está
formada por una sucesión
de acantilados de más
de cien metros de altura que
descienden en vertical hasta
el mar.
Esta impresionante conformación
costera proporciona al visitante
o excursionista bellísimas
vistas panorámicas. El
Puig Lorensa, desde sus 440
m. de altitud, ha sido y es
mudo testigo del presente y
del pasado, algunas veces duro,
de Benitatxell.
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Cobija entre sus escondidas laderas
el recuerdo de aquellos primeros hornos,
donde los antiguos pobladores cocían
el barro para convertirlo en tejas.
Los muros de piedra en los campos,
son signo inequívoco del arduo
esfuerzo para arrancarle el mejorr
fruto a la tierra. La vid y el vino
son la máxima expresión
del trabajo bien hecho.
Cerca del Puig Llorensa, contrastando
con este paisaje, iniciamos el descenso
hasta llegar al genuino tesoro que
de forma natural anida en Benitatxell:
la Cala del Moraig. Con sus cristalinas
aguas, atrae la presencia de tantos
visitantes que por unos momentos pueden
deleitarse con la contemplación
del horizonte. Allí mismo,
la Cova dels Arcs, caprichosamente
esculpida por la naturaleza, guarda
en su seno la salida al mar del más
largo curso de aguas subterráneas
de España, aguas impenetrables
siempre reacias a mostrar sus secretos.
La tierra y el mar, lo bello y lo
agreste, la soledad y el continuo
movimiento, hacen de este lugar un
paraje de contrastes y de belleza
inusual. A pocos metros, la Cala dels
Testos, aparece ante nuestros ojos.
Pequeña, acogedora, casi inaccesible,
se convierte en justo premio para
el inquieto visitante.
La pesca ha sido siempre una de las
actividades tradicionales de la localidad.
Los pescadores de Benitatxell supieron
aprovechar, merced a su ingenio y
valor sin límite, las peculiares
características de la abrupta
orografía costera para construir
las “pesqueras colgantes”
en los acantilados. Una sencilla excursión
en barca por las aguas del litoral
le brindará al visitante la
ocasión de contemplar el sobrecogedor
aspecto de estas inigualables construcciones
de pesca.
Las actividades económicas
tradicionales de la localidad son
principalmente, la agricultura, la
pesca y el comercio. La agricultura
es predominantemente de secano y su
producto más representativo
es la uva de moscatel. A partir de
la mencionada uva se elabora la sabrosa
pasa, su excelente mistela y exquisitos
vinos de elaboración casera.
La pesca ha sido otra importante ocupación
de los pobladores de Benitatxel bien
en la modalidad de las conocidas pesqueras
en barcas, trainas, etc.
Cualquier época es buena para
visitar Benitatxell y, de paso, disfrutar
de su variada y deliciosa gastronomia
y de sus entrañables fiestas.
El sabroso “Puchero Dominical”,
preparado con las más variadas
carnes y verduras; la exquisita “Pilota
Dolsa”. Paellas y arroces con
carnes ó pescados, entre los
que cabe destacar “Arrós
amb Fessols y Naps”, “Arrós
amb fava pelá”, “Arrós
al forn”, “Arrós
a banda” y otras especialidades
como “Putxero de Polp”,
“Polp amb Penca”, “Fava
Sacsá”, el típico
cruet confeccionado con pescado de
roca, “Bull amb Seba”,
“Sanc amb Seba”, las popularísimas
cocas, con verduras variadas ó
simplemente con aceite y anchoas,
embutidos, salazones, etc.
La repostería artesanal, es
también muy variada: la Coca-María,
el Caspell con pasas y almendras,
els Pastissets y las tradicionales
Monas de Pascua. El “pa de casa”,
que aún se elabora en los “fornets”
de muchos hogares. Y no podemos olvidar
la “mistela” y el “vino
del terreno”, de variados sabores
y colores, dependiendo de la pericia
del artesano.
En fiestas, Benitatxell se viste
de música y color. En las “fiestas
de la rosa”, el primer domingo
de mayo, se reparte el “pa benet”
o pan bendito por todas las casas
del pueblo.
Julio celebra las “fiestas
gastronómicas” y en su
segunda semana las “fiestas
de moros y cristianos”. La tercera
y cuarta semana de julio se celebran
las “fiestas patronales en honor
de Santa Maria Magdalena”, fiestas
en las cuales los lugareños
demuestran su profunda tradición
y reciben con alegría y verdadero
sentimiento de amistad a todos los
turistas visitantes. |